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Artículo para el debate sobre la coyuntura política actual

Conviene reproducir literalmente las conclusiones derivadas del análisis y las consecuencias que de él se desprenden, que deben ser la base política sobre el que desarrollar el trabajo en este periodo y orientado hacia el 2019.

Los resultados electorales mantienen corregido la fragmentación que surgió del 20D, sin mayoría absoluta para ninguna formación y aún con dificultades para la configuración de mayorías de gobierno claras y con posibilidades de configurarse mayorías de bloqueo como en la legislatura anterior.

Leve corrección del fuerte retroceso sufrido por el bipartidismo en 2015 al obtener 222 diputados y diputadas (9 más) y un 63,5% del conjunto del Congreso. Así mismo 173 senadores (2 más) un 82% del total electo en el Senado.

Reforzamiento del PP que con 137 escaños está en mejor posición para articular una propuesta de gobierno y aleja la propuesta de cambio político en la legislatura.

El PSOE mantiene la segunda fuerza política y la primera en el ámbito de la izquierda con una posición más debilitada al haber fracasado en la legislatura anterior, la única alternativa posible excluyendo a los independentistas capaces de quitar al PP.

No obstante sigue estando en sus manos la centralidad parlamentaria y la posibilidad o no de bloqueo.

Pérdida de apoyos a las nuevas formaciones políticas y sus alianzas que en conjunto pierden 1.479.760 votos y 8 diputados, y por tanto tendrán un papel menos relevante en la construcción de alternativas parlamentarias.

Fracaso de la coalición Podemos-IU en la pérdida de casi 1.100.000 votos, no crece institucionalmente, no adelanta al PSOE y su bloqueo ha tenido como consecuencia un reforzamiento del PP. Este batacazo trae consigo una pérdida de peso parlamentaria, ya que no hay alternativa real con alguna posibilidad al Gobierno del PP donde esté Podemos. No nos corresponde a nosotros analizar las causas, pero una parte muy importante y quizá mayoritaria de la base social y electoral de IU no ha seguido a Garzón en su acuerdo con Podemos.

Todo apunta, si obviamos la campaña mediática y demoscópica sobre el “sorpasso” y nos retrotraemos a la etapa anterior a que el acuerdo con IU sólo ha servido para parar la hemorragia de votos que perdía Podemos y evitar un batacazo superior.

Este retroceso generalizado de votos alcanza a las confluencias de manera homogénea, aunque en la Comunidad Valenciana y Cataluña mantienen el número de escaños y son segunda y primera fuerza política respectivamente. Peor es el resultado de En Marea que pierde más de 66.000 votos, un diputado y un senador y pasa de segunda a tercera fuerza política al ser superada por el PSOE.

El ruido y las diferencias internas (Beiras/Yolanda Díaz) así como “el derecho a decidir” han podido influir de una manera clara en el electorado, máxime cuando la opción independentista que de manera nítida lo propugnaba históricamente, el BNG, prácticamente desaparece.

Pérdida de votos del independentismo catalán, aunque mantiene el mismo número de escaños. Sobre el 20D pierden 57.905 votos y sobre las Elecciones de 2011, 165.900 votos menos.

Sigue la pérdida de votos de las opciones nacionalistas. En Euskadi cerca de 75.000 votos entre el PNV (39.000 votos) y EH-Bildu (35.033 votos). En Euskadi es relevante que el PNV pierde su condición de primera fuerza política.

En términos de modelo de Estado se consolida el federalismo frente a los independentistas como ya sucedió el 20D.

Por bloques ideológicos la derecha obtiene 11.444.043 votos y 183 escaños, que son 258.936 votos más y 5 escaños más en el Congreso, frente 10.929.239 votos y 167 escaños, frente a 12.385.883 votos y 172 escaños en el 20D, es decir la izquierda pierde 5 escaños y 1.456.644 votos. Por tanto en términos de bloques los trasvases han sido importantes.

Como consecuencia:

A día de hoy no existe alternativa progresista al bloque neoliberal que ha gobernado.

La confrontación ya no se da con el bipartidismo, ni entre la nueva y vieja política, como defienden Podemos y Ciudadanos. La “vieja política” obtiene 222 escaños y la “nueva política” ha envejecido súbitamente y sufrido ya dos “revolcones”.

El conflicto real se da en que mientras la derecha está fracturada pero unidos en lo institucional y constitucional, en las políticas fiscales en el modelo de Estado, así ocurre con el PP y Ciudadanos; frente a una izquierda fracturada y fragmentada que tiene elementos constitucionales rupturistas, independentistas, nacionalistas, federalistas, transversales y populistas.

Todo esto no puede ser una alternativa a la derecha. Una izquierda acomplejada sin liderazgo que se mueve entre el sentido de Estado y la disputa de Podemos. Una IU disuelta en el populismo y Podemos un proyecto populista que se mueve con convulsión entre el reformismo radical, el nacionalismo del sistema, entre movimientos reivindicativos e institucionales.

Desde Convergencia de La Izquierda apostamos por un bloque de izquierdas plural y diverso con un programa de cambio real.

Queremos reformular sin complejo alguno lo que fue un proyecto de izquierda transformadora y trabajar ese espacio político dentro de un bloque más amplio que nos permita seguir siendo lo que somos y queremos ser.

Una hoja de ruta hacia el 2019.

Análisis global y Agenda Local deben permitirnos avanzar en cada localidad sobre la base de un mismo discurso político que nos cohesione y nos de coherencia y fortaleza.

Este discurso situado en la izquierda pero como elementos diferenciadores y específicos debe ser la principal herramienta de trabajo y la base de nuestro trabajo mediático y de acción política.

La recomposición de la izquierda.

En primer lugar pasa por crecer afiliativa y orgánicamente, creando cuantas Uniones nos sean posibles e incrementando el número de afiliados y afiliadas al Partido de manera considerable. Estar bien organizados es la base necesaria para intervenir en la recomposición de la izquierda.

Sumar todo lo que nos sea posible de la antigua IU-CM sin reafiliar y de IU y otras fuerzas políticas.

Consolidar la alianza con Los Verdes, contactar con Republicanos, con CLIAS y otras pequeñas formaciones que puedan contribuir a esta recomposición.

Así mismo, incrementar las relaciones sociales y políticas a todos los niveles nos permite “estar” y “relacionarnos” y transmitir nuestro discurso político, que entronca con la centralidad y el sentido común de la izquierda.

La Iniciativa Política común del Partido debe ayudar a perfilarnos y dotarnos de un trabajo conjunto a los que sumar otros más sectoriales o locales.

Las alianzas estratégicas deben ser aquellas que lleguemos con todas aquellas fuerzas políticas, grupos o personas que se sitúan en el espacio de la izquierda transformadora. Con ellas todos los esfuerzos posibles con flexibilidad y sin sectarismo alguno.

Las alianzas electorales deben ser coherentes con nuestras conclusiones:

En primer lugar conseguir unir electoralmente todas nuestras alianzas estratégicas por economía de escala y fortalecimiento mutuo huyendo siempre de cualquier situación que nos instale en la marginalidad o nos aparte de la mayoría social.

En segundo lugar, reformular un proyecto de izquierda transformadora y trabajar ese espacio político dentro de un bloque más amplio que nos permita seguir siendo lo que somos y queremos ser.

Esta última parte debería plantearse al PSOE como referencia, pero ¿puede y quiere el PSOE liderar la izquierda? ¿Puede y quiere el PSOE actual adecuar su proyecto estratégico para que el escenario pueda empezar a cambiar?. Liderar la izquierda es sumar voluntades y proyectos sin fagocitarlos ni humillarlos, es tejer alianzas, diseñar estrategias, elaborar programas concretos y construir sujetos políticos que se reclamen de un proyecto así.

Una izquierda que confronte con la derecha pero también con el populismo que mimetiza y pervierte la política; huyendo del simplismo de las dicotomías y abordar la complejidad de nuestra sociedad priorizando las mayorías sociales. Una izquierda que plantee un proyecto de país que integre su diversidad pero vertebrada sobre las personas.

Recomponer la izquierda, en definitiva, para mejorar las condiciones de vida de la gente, para sumar desde la propuesta, desde lo concreto y generar la ilusión de escenarios de cambio reales incorporando a todas aquellas personas que sientan comprometidas con un proyecto de cambio definido, evaluable y constatable.

Recuperar la calle y trabajar en el conflicto social, olvidado y postergado por las nuevas formaciones que han intentado canalizar el malestar, la movilización y el conflicto a las normas, consiguiendo la desmovilización y la no visibilización del conflicto así como el deterioro de la imagen de quienes lo impulsaban y especialmente el sindicalismo de clase.

Por tanto ayudar a revertir esta realidad actual es básico para ocupar el espacio político en el que trabajamos.

Son pues muchas las tareas y de mucha dificultad, pero estamos llamados a abordarlas sin dilaciones y a intensificar nuestro trabajo.

22/09/2019

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COYUNTURA POLÍTICA ACTUAL

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